La cita era el martes a la anochecida en la playa cercana al pueblecito de Fardiwa.
Durante dos meses se habían dedicado a trabajar como mulos para ahorrar el máximo de dirhans posibles.
Ahmed, Rachid, Kaled, Mustapha y el pequeño Mohamed se juraron no decir nada de aquella aventura a sus padres.
El riesgo era grande, pero Alá y la destreza del mayor, Rachid, les llevaría a buen puerto.
Subieron al bote con una pequeña mochila cada uno y empezaron a remar.
La noche estaba oscura, muy oscura.
Con un ligero viento de poniente, las fuerzas de los cinco chicos y un poco de suerte llegarían pronto al otro lado del estrecho.
Tenían miedo, pero las ganas de llegar y lo que les esperaba consumaba todas sus dichas.
Cuando llegaran a la costa, un hermano mayor de Rachid, al que habían avisado por móvil, los estaría esperando para llevarlos a Málaga, su destino.
De pronto, el viento cambió y el levante empezó a soplar alejándolos de España. Los más pequeños comenzaron a llorar y los mayores apretaron los dientes para remar con más fuerza, pero las corrientes y el maldito aire eran cada vez más fuertes.
Pronto la comida empezó a escasear y rezaban para que las olas no tumbasen la frágil lancha.
A los dos días un patrullero de la Guardia Civil los rescató en la Isla de Tarifa.
Cuando la Cruz Roja los socorrió, estaban muertos de frío y hambre.
Preguntaron qué día era y les dijeron que martes.
Se miraron todos y sonrieron. Aún quedaban cinco días para el gran partido, aunque se tornó en llanto cuando les dijeron que serían deportados de nuevo a Marruecos los días siguientes cuando se recuperaran.
El sueño de conocer a Messi se había desvanecido.
Los cinco vestían camisetas del Barcelona.
1 comentario:
Esos niños, como otros centenares se conocen la historia de Messi: de la nada, desde el último rincón del mundo, al estrellato, la fama y la fortuna.
Personas con mucho potencial y valía quedan relegados de la historia por culpa del lugar donde nacieron.
La realidad actual de Messi es el sueño de ellos. Cuando muchos jugadores van en verano a lugares recónditos con alguna ONG, alimentan ese sueño. Los poderes mediáticos no hacen nada por remediarlo y la ansiedad de estos jóvenes convierte su sueño en drama.
Cuando le ponemos nombre y cara a estos dramas también se convierten en los nuestros.
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