La noticia no era para menos. Desde Japón, Estados Unidos, Nueva Zelanda e incluso hasta Kadikistán habían anunciado su presencia televisiones.
A las doce y media casi la mitad del mundo estaría presente en aquel pueblo de la sierra de Burgos, iba a ser un éxito que definitivamente catapultaría a España en el mundo y por ende a su gobierno.
En el pueblo solo había una pensión con capacidad para veinte personas que gestionaba María, pero en toda la comarca no se podía encontrar ni una habitación libre. Es más, en la capital, los más míseros alojamientos estaban llenos.
A las 08,00 horas de la mañana empezaron a aterrizar helicópteros en el campo de fútbol. Sólo se recordaba algo igual cuando Manuel Fraga hizo campaña política para el PP hacía ya muchos años.
Las dos vías de acceso al pueblo estaban controladas por la Policía desde hacía días. Nadie podía entrar ni salir de él sin acreditación.
Las televisiones se apostaron frente al lugar elegido. Previamente, los trabajadores del ayuntamiento habían montado un gran escenario desde donde los políticos hablarían. Pero primero había que inaugurar la instalación, el orgullo patrio.
A las diez llegó el presidente que había anunciado su construcción hacía veinte años, don Felipín Gonzalín, con todo su séquito de exministros.
A las once hizo su aparición, todo tieso, con menos bigote con el pelo a lo José Luis Rodríguez El Puma, don Pepe María Aznarín, con los ayudantes de cámara, el hombre inexpresivo y el de los rayos uva, todos ex como él. Justificaban su asistencia porque ellos habían puesto la primera piedra hacía ya diez años, aunque a esa piedra se la habían comido los jaramagos.
Y a las doce llegó Bambi, el presidente del Gobierno, don Pepe Luis Zapatitos, dando besos y abrazos a todos. Le segu'ian sus ministros, y el primero de todos, Pepe Bonete.
A la hora convenida todos se acercaron a la cinta con sus respectivas tijeras mientras las cámaras no dejaban de grabar el momento.
Los tres cortaron la cinta, el primero la más corta, Aznarín un poco más grande y el trozo mayor, Zapatitos.
El Tokio Express, principal diario de la capital japonesa informaba on line de la siguiente manera:
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