Mostrando entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de abril de 2014

" Cien años de Soledad "



La primera vez que llegó a mis manos " Cien años de Soledad " lo devoré como quién come un asado bien hecho a la parrilla.

Lo saboreé con tanta delicia como los helados de dulce de leche que tomamos en Puerto Madero, allá en mi segunda patria, Buenos Aires.

Me enamoré de sus personajes al igual que lo hice de los argentinos por cada lugar que visitamos, cada encuentro con la gente más encantadora del mundo, y lo digo con rigor de haber conocido a muchos y en diferentes lugares del país.

Aspiré sus olores como aquellos tres días de ensueño en Iguazú, donde el verdor de la selva inundaba todo, mezclado con la furia del agua al caer por las cataratas.

Descubrí el amor por la literatura, nos embebimos de ella en el Café Torttoni, paso obligado de los poetas, de los escritores, de los músicos y hasta de los exiliados españoles.

Con Gabriel García Márquez nació mi pasión por escribir y con ella moriré.

Gracias, maestro.

jueves, 5 de agosto de 2010

La banda sonora de mi vida

Ayer, en un viaje relámpago a Facinas, me di el gustazo de volver a encontrarme con Sabina.
A toda voz, sólo en el coche, oyendo las canciones clásicas en el acústico de hace unos años descubrí el sentido de viejas canciones que nunca me había parado a oir detenidamente.
Y me di cuenta de que en muchos momentos de mi vida ha estado presente este personajillo.
La cinta de Joaquín Sabina y Viceversa ( Ocupen su localidad, Princesa, Rebajas de Enero, Pongamos que hablo de Joaquín, allí descubrí por primera vez a ese monstruo que es Javier Krahe, Pongamos que hablo de Madrid, Juana la Loca ) que me grabó José Luis el de Algeciras fue el acompañante nuestro en las tardes de Bup, tardes de estudio en la planta alta de mi casa ( mi pequeño refugio ), el descubrir otra poesía diferente a la que se estudiaba en el instituto. Eran también tardes de soledad y de desamor, de primeros amores no correspondidos.
Luego, los veranos siguientes, de noches en el pub, fue el descubrimiento de " La Mandrágora ", con Alberto Pérez y Javier Krahe ( disco anterior pero que yo descubrí tarde ).
Hubo una época triste, la del Hombre del Traje Gris, que como sus canciones, no me traen demasiados buenos recuerdos.
Del 92 en adelante, fueron los años de la pasión, con la cinta que Gema me grabó del Sabina más ronco, sarcástico como pocos, la del Pirata Cojo.
Volví al Sabina de Viceversa con los dos discos en directo, que me redescubrieron otras versiones, maravillosa " Calle Melancolía ", " Ruido ", " La Magdalena ", en la que Sabina volvía a reírse de la vida, o con ella, muchísimo más irónico que nunca, pero con la profundidad que dan
sus letras.
El reciente viaje a Argentina significó el reencuentro con él, pues los argentinos lo consideran más suyo que nuestro. En todos los hoteles sonaba y como me hice amigo de los camareros, pues les pedía las canciones que quería. Incluso uno se confesó que su mujer había tenido un percance con él cuando ella limpiaba un hotel años atrás.
Momentos inolvidables con su banda sonora, nevadas eternas.
Esta noche estoy descubriendo el último disco suyo, " Vinagre y rosas ",
Cuántos momentos nos quedan por vivir con él, espero que muchos.

martes, 8 de junio de 2010

A un amigo - MARIO

Pocas veces se puede fraguar una amistad en tan poco tiempo.
Me dirijo a ti, amigo, que nos hiciste descubrir uno de los paisajes más impresionantes de los que jamás podré contar.
No sé si será la tierra, Argentina, o la tuya, más particularmente, San Juan, pero desde que nos recogiste con tu remis allá en el aeropuerto del Calafate, contactamos de una manera muy especial contigo, nos hiciste amar una tierra en teoría árida con tus historias, tus experiencias con gauchos, pumas, cóndores y sobre todo el magestuoso Perito Moreno.
Recuerdo cuando tras tomar una curva dejando a nuestra izquierda el márgen sur del lago Argentino cuando de pronto, unas lágrimas cayeron de nuestros ojos al tenerlo de frente. Un inmenso mar de hielo petrificado, a ti se te hizo un nudo en la garganta y nos mostraste el resto del Perito Moreno.
Del glaciar tendremos tiempo de hablar otro ocasión, el día siguiente nos llevaste a ver amanecer frente al lago, con los flamencos rosas y los cisnes de cuello negro, y nos presentaste a un gaucho que yo tenía muchas ganas de conocer.
La despedida fue bastante triste, pero sentimos los tres que una amistad había nacido ahí.
Espero que me puedas mandar el email de tu hijo para mantener contactos.
Cuando salga a la luz el libro, tú serás el primero en recibirlo.
Muchas gracias por descubrirnos la esencia de esa tierra.

lunes, 8 de marzo de 2010

El bichito

Cae la noche en Puno.

En el pueblo, allá en el altiplano andino, viven no menos de doscientos vecinos. Pasan hambre y malviven de la agricultura.

Hacen fuego con excrementos de llama para calentarse, pues hay mucho contraste entre el día y la noche. Pasan de 30 grados a las horas de sol hasta los -5 grados de madrugada.

En una mísera casa de adobe, cuando los padres duermen, uno de los tres chiquitines se revuelve en el camastro inquieto.

Un minúsculo bichito sale de las grietas de una de las paredes, y otro, y otro, y otro, y así hasta cientos de ellos campan por la casa. Esta noche le tocará al pequeñín.

Le picarán, introducirán en su cuerpo el somnífero para que no despierte para comenzar a sorber sangre y más sangre, hasta cuadruplicar su tamaño. Ya saciados se retirarán a sus escondites.

Así una noche, y otra, y otra la vichuquita entrará en todos los miembros de la casa.

Quizás el bebé no llegue a adulto.

Un súbito desplome cuando parecía sano se llevó a un hermano y a su abuelo.

Así cincuenta mil personas cada año.

Los que vivan sabrán que el bichito les continuará picando todas las noches.

Nadie hará nada para erradicarlo.


Esto que he contado parece un cuento pero es la pura realidad de muchos pueblos de Perú, Bolivia e incluso Chile o Argentina.

Se conoce como el Mal de Chagas y poca gente está haciendo algo para intentar erradicar la enfermedad que no es nueva, pues se conoce mínimo desde hace un siglo.

Miles de personas han muerto ya o la padecen, pero son otros de " los olvidados".

Hay una doctora valenciana que ha desarrollado una pintura blanca con la que es capaz de esterilizar y matar las vichucas. Está luchando y consiguiendo resultados en el terreno, pero falta apoyo de los países involucrados.

Espero que esta denuncia sirva para que nos concienciemos de que hace falta más apoyo a las investigaciones.