Sintió un olor denso, profundo, tanto que hacía irrespirable el lugar donde se encontraba, un olor totalmente desconocido.
Quiso vomitar pero no pudo.
Intentó taparse la boca con las manos, pero estas no le respondieron.
Olor a podredumbre, a descomposición, a cuerpo.
Olor a muerte.
A su propia muerte.
lunes, 25 de febrero de 2013
viernes, 22 de febrero de 2013
La cabra y el monte
Llevaba mucho tiempo allí, en aquel establo. Se había hecho mayor, muy mayor, quizás demasiado para estar encerrada entre esas paredes.
Comía como las demás, no se quejaba, a veces asomaba la cabeza entre las rejas y miraba a la montaña, allí donde muchos años antes se sintió libre, donde dejó a otras cabras, quizás algún hijo.
Pero un día, los dueños de la instalación se acercaron a ella, hablaron entre ellos, abrieron la puerta, y dejaron que se marchara.
En principio no supo qué hacer, se quedó atontada, alelada, pero a los pocos minutos, corría tan rápido como le permitían sus patas, poco acostumbradas a las carreras. LLegó a la sierra en poco tiempo, se reencontró con otras cabras que pastaban entre los quejigos y los arbustos.
Durante un tiempo anduvo con ellas, pero al poco tiempo se aburrió de comer siempre lo mismo.
Recordó que cerca había un huerto, se alejó despacio hasta llegar a sus rejas. Estaba lleno de lechugas. No se lo pensó un momento, con las desgastadas cuernas y las pezuñas delanteras abrió un hueco en la tierra y se coló dentro. A las dos horas no quedaba una lechuga entera.
Pero como otras veces, el dueño del huerto la pilló dentro, la amarró a una cuerda no sin esfuerzo y a las dos horas estaba montada en un camión camino de nuevo al establo.
Dedicado al preso más antiguo de España, para quién la libertad es estar entre cuatro paredes.
El hombre siempre tropezará con la misma piedra.
Comía como las demás, no se quejaba, a veces asomaba la cabeza entre las rejas y miraba a la montaña, allí donde muchos años antes se sintió libre, donde dejó a otras cabras, quizás algún hijo.
Pero un día, los dueños de la instalación se acercaron a ella, hablaron entre ellos, abrieron la puerta, y dejaron que se marchara.
En principio no supo qué hacer, se quedó atontada, alelada, pero a los pocos minutos, corría tan rápido como le permitían sus patas, poco acostumbradas a las carreras. LLegó a la sierra en poco tiempo, se reencontró con otras cabras que pastaban entre los quejigos y los arbustos.
Durante un tiempo anduvo con ellas, pero al poco tiempo se aburrió de comer siempre lo mismo.
Recordó que cerca había un huerto, se alejó despacio hasta llegar a sus rejas. Estaba lleno de lechugas. No se lo pensó un momento, con las desgastadas cuernas y las pezuñas delanteras abrió un hueco en la tierra y se coló dentro. A las dos horas no quedaba una lechuga entera.
Pero como otras veces, el dueño del huerto la pilló dentro, la amarró a una cuerda no sin esfuerzo y a las dos horas estaba montada en un camión camino de nuevo al establo.
Dedicado al preso más antiguo de España, para quién la libertad es estar entre cuatro paredes.
El hombre siempre tropezará con la misma piedra.
miércoles, 13 de febrero de 2013
El vagabundo
Es domingo.
El sol cayó hace tiempo sobre Sevilla.
Salimos rápido del teatro, los niños esperan.
Pasamos junto a la antigua biblioteca del centro.
En la rampa de acceso, una manta azul tapa a un hombre.
Junto a él descansa una botella de vino blanco.
Es pobre, o por lo menos eso pone en su cartón junto a un platito vacío.
No peina canas, parece cuarentón.
Duerme con la boca abierta.
Tiene un sueño tranquilo, profundo.
En la fugacidad de un momento pienso en su vida, sus orígenes, si escogió o no esa vida, o simplemente quiere sentirse libre.
Quizás no lo vea más, otra ciudad lo esperará, otro rincón, otra cama improvisada.
El sol cayó hace tiempo sobre Sevilla.
Salimos rápido del teatro, los niños esperan.
Pasamos junto a la antigua biblioteca del centro.
En la rampa de acceso, una manta azul tapa a un hombre.
Junto a él descansa una botella de vino blanco.
Es pobre, o por lo menos eso pone en su cartón junto a un platito vacío.
No peina canas, parece cuarentón.
Duerme con la boca abierta.
Tiene un sueño tranquilo, profundo.
En la fugacidad de un momento pienso en su vida, sus orígenes, si escogió o no esa vida, o simplemente quiere sentirse libre.
Quizás no lo vea más, otra ciudad lo esperará, otro rincón, otra cama improvisada.
domingo, 27 de enero de 2013
El rompeolas
Colgó sus pies spbre el rompeolas como cada tarde hacía y se dispuso a contemplar el atardecer, la caída del sol sobre el océano, tan diferente siempre, tan especial para él que por nada del mundo se lo perdería. Lloviese, hiciese temporal o vendaval, siempre estaba allí.
En ese momento recordó aquel otro en el que, muchos años antes, su cuerpo, su corazón había sentido lo más profundo que un ser puede vivir.
Allí, con las olas rompiendo de un lado al otro del mar de piedras, su boca se unió al de aquella chica, sus labios fueron uno solo y su corazón parecía estallar.
En el rompeolas sintió el primer amor.
En ese momento recordó aquel otro en el que, muchos años antes, su cuerpo, su corazón había sentido lo más profundo que un ser puede vivir.
Allí, con las olas rompiendo de un lado al otro del mar de piedras, su boca se unió al de aquella chica, sus labios fueron uno solo y su corazón parecía estallar.
En el rompeolas sintió el primer amor.
miércoles, 23 de enero de 2013
Sueños de allá
Soñó con una gran avenida llenas de coches, al final de ella un gran obelisco, inmensos rascacielos que se elevaban hacia el cielo cada cual más vistoso, cada uno diferente de la avenida Juana Manso, con el mismo nombre y apellidos que su madre, paseó por el canal al que se asomaban ,antaño puerto de la capital, hoy símbolo de una zona nueva, que se abría al mundo como el país, paseó por el puente móvil de Calatrava que lo atravesaba, se deleitó con los helados únicos que se deshacían en la boca, se permitió el asado que tantos años ansiaba poder disfrutar, observó el ir y venir de sus gentes, se embebió de cultura y de historia en el Café Torttoni, y al atardecer, como si fuera Cádiz, se asomó a su baluarte mirando ese Río de La Plata que le hacía recordar su tierra.
Y se sintió un argentino más.
Cuando despertó, aún continuaba allí.
Y se sintió un argentino más.
Cuando despertó, aún continuaba allí.
viernes, 18 de enero de 2013
" Canto a Facinas "
Cuando muera, que algún día llegará mi destino, quiero que mi cuerpo y mi alma descansen allí donde nací.
Donde los vientos se pelean entre sí ansiando el poder.
Donde aún huele a horno de leña.
Allí donde dí mis primeros pasos, donde la infancia de un niño quedó marcada por el olor de la madera y el del pan recién hecho.
Donde los buitres tienen su reino, donde muchas veces fui feliz
En mi pueblo quedarán mis recuerdos, mis alegrías, mi familia.
Allí, en Facinas.
Donde los vientos se pelean entre sí ansiando el poder.
Donde aún huele a horno de leña.
Allí donde dí mis primeros pasos, donde la infancia de un niño quedó marcada por el olor de la madera y el del pan recién hecho.
Donde los buitres tienen su reino, donde muchas veces fui feliz
En mi pueblo quedarán mis recuerdos, mis alegrías, mi familia.
Allí, en Facinas.
domingo, 6 de enero de 2013
El gran salto
Desde siempre pensó que el hombre era un ser incompleto al que básicamente le faltaba una cosa: volar.
Estudió el movimiento de las aves, sus extremidades, su capacidad para sortear obstáculos girando las alas, su aguante durante horas y días sin descansar, se extasiaba en el movimiento perenne de los buitres, esos grandes pobladores del cielo que cada vez que miraba hacia arriba los veía, aprovechando las corrientes solares.
Alguna vez tuvo la oportunidad de observar el picado de un halcón en cacería en el campo, era maravilloso la velocidad que esa ave tan pequeña podía desarrollar.
Lo malo era que cuanto más remiraba en libros especializados, en internet, cuantas más horas perdía, crecían en su interior dos sensaciones contrapuestas: la impotencia por no poder hacerlo y la ilusión por llegar a volar, dos choques en su mente que le hacían comer poco, dormir menos y abandonar su vida social.
Se concentró en conseguir su objetivo, ahorró todo el dinero que fue capaz y por fin un día, tras haber contactado con una empresa que organizaba lanzamientos en paracaídas, decidió que era el momento que tanto ansiaba.
La noche anterior consiguió dormir como nunca lo había hecho en los últimos años, una sensación placentera le poseía.
A las 09.00 horas del martes día 05 de Septiembre de 2002 quedó señalado en su calendario mental como el que cambiaría el signo de su vida y puede que el del futuro del hombre.
A las 07.30 horas ya estaba preparado, había desayunado frugalmente.
En su reloj dieron las 08 horas y 55 minutos, estaba nervioso pero confiado.
Justo cuando la alarma sonaba dando la hora señalada, Raúl tomó carrerilla y
voló...
Por el balcón de su quinto piso.
Su cuerpo quedó sobre el suelo del campo de tierra de la urbanización.
Su alma seguramente seguirá volando por aquí y allá.
Libre.
Estudió el movimiento de las aves, sus extremidades, su capacidad para sortear obstáculos girando las alas, su aguante durante horas y días sin descansar, se extasiaba en el movimiento perenne de los buitres, esos grandes pobladores del cielo que cada vez que miraba hacia arriba los veía, aprovechando las corrientes solares.
Alguna vez tuvo la oportunidad de observar el picado de un halcón en cacería en el campo, era maravilloso la velocidad que esa ave tan pequeña podía desarrollar.
Lo malo era que cuanto más remiraba en libros especializados, en internet, cuantas más horas perdía, crecían en su interior dos sensaciones contrapuestas: la impotencia por no poder hacerlo y la ilusión por llegar a volar, dos choques en su mente que le hacían comer poco, dormir menos y abandonar su vida social.
Se concentró en conseguir su objetivo, ahorró todo el dinero que fue capaz y por fin un día, tras haber contactado con una empresa que organizaba lanzamientos en paracaídas, decidió que era el momento que tanto ansiaba.
La noche anterior consiguió dormir como nunca lo había hecho en los últimos años, una sensación placentera le poseía.
A las 09.00 horas del martes día 05 de Septiembre de 2002 quedó señalado en su calendario mental como el que cambiaría el signo de su vida y puede que el del futuro del hombre.
A las 07.30 horas ya estaba preparado, había desayunado frugalmente.
En su reloj dieron las 08 horas y 55 minutos, estaba nervioso pero confiado.
Justo cuando la alarma sonaba dando la hora señalada, Raúl tomó carrerilla y
voló...
Por el balcón de su quinto piso.
Su cuerpo quedó sobre el suelo del campo de tierra de la urbanización.
Su alma seguramente seguirá volando por aquí y allá.
Libre.
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