Ese es el mejor calificativo que pudo recibir quién toda su vida consiguió todo lo que quiso, hasta la soledad, aunque esta no la buscara, sino que fue su sombra durante toda su vida.
Coleccionaba cosas como quién comía caramelos, a cual más raro, diferente y sobre todo, caro.
También sus enemigos eran numerosos.
Y es que para una mujer como Lucía, vivir era un placer al que no le costaba acostumbrarse.
Uno de sus grandes placeres era disfrutar de la piscina mirando el sol alejarse por el horizonte mientras tomaba un vaso del bourbon más caro traído directamente de Estados Unidos.
Como su colección era tan diversa, no se extranó en recibir la tarde anterior una cajita con otro de los anfibios que quiso tener, una rana del Amazonas en peligro de extinción, un capricho más.
Soltó a la rana en la piscina, se metió en el agua y...
Quién le vendió el ejemplar por internet no le avisó de que ese animal era quizás el anfibio más venenoso de la tierra y que jamás debía tocar su piel, pues la muerte era segura.
Ahora flotaba en la piscina entre su " última " extravagancia.
lunes, 16 de enero de 2012
domingo, 15 de enero de 2012
Atardercer en Zahara de los Atunes
Cae la tarde primaveral sobre el Atlántico en uno de los lugares con más maravillosas puestas de sol del mundo.
Una solitaria rana croa junto a una botella de bourbon vacía, quizás se refleje en ella y por ello entona el canto.
El ruiseñor canta en el seto.
Los restos de un polvo blanco se desparraman sobre la mesa de lujoso cristal que adorna el centro del majestuso jardín zen, la mejor atalaya de la costa creado con la exclusividad que da el dinero sucio.
Una inmensa piscina olímpica con forma ovalada permitiría a su dueña bañarse y ver el mar al mismo tiempo.
Pero ahora no es así.
Ahora un cuerpo femenino flota sobre ella boca abajo. Se bambolea suavemente movido por el sistema automático que no deja de funcionar.
Su otrora magnífico cuerpo es un objeto inerte, hinchado por el paso de las horas.
Nadie la espera y nadie la busca.
Varios buitres sobrevuelan el cielo a no demasiada altura, algunos con precaución, pero los más ya se han dejado caer sobre la casa.
¿ Serías capaz de definir la causa de la muerte ?
Una solitaria rana croa junto a una botella de bourbon vacía, quizás se refleje en ella y por ello entona el canto.
El ruiseñor canta en el seto.
Los restos de un polvo blanco se desparraman sobre la mesa de lujoso cristal que adorna el centro del majestuso jardín zen, la mejor atalaya de la costa creado con la exclusividad que da el dinero sucio.
Una inmensa piscina olímpica con forma ovalada permitiría a su dueña bañarse y ver el mar al mismo tiempo.
Pero ahora no es así.
Ahora un cuerpo femenino flota sobre ella boca abajo. Se bambolea suavemente movido por el sistema automático que no deja de funcionar.
Su otrora magnífico cuerpo es un objeto inerte, hinchado por el paso de las horas.
Nadie la espera y nadie la busca.
Varios buitres sobrevuelan el cielo a no demasiada altura, algunos con precaución, pero los más ya se han dejado caer sobre la casa.
¿ Serías capaz de definir la causa de la muerte ?
lunes, 9 de enero de 2012
La mano
Siempre supo que tendría su mano, esa que callaba mientras él suspiraba, esa que nunca tenía palabras de reproche, que era comprensiva, atenta, cariñosa, pendiente, pero era la mano de su enamorada, con la que había compartido cuarenta años de su vida, esa que estaba allí para oírle, sentirle o cuidarle en tantos momentos duros cuando las fuerzas flaqueaban.
Y ahora estaba ella junto a él, en un frío hospital, como siempre, con aparatos señalizando alarmas, cables por todo el cuerpo y sintiendo que la vida se le iba por minutos, que ya no había vuelta atrás.
A los pies de la cama él la miró, agarró su mano con fuerza y cerró los ojos para siempre.
Por siempre.
viernes, 6 de enero de 2012
Regalos de Reyes
Y el día llegó con la luminosidad de las mañanas invernales, pero cargado de regalos, ilusiones cumplidas, caramelos estripados, churros matutinos, abrazos familiares, brillos especiales en las pupilas de algunos reyes de cabalgatas de barrio, demasiado consumismo, pero felicidad en los niños, mucha, infinita alegría.
No son días para acordarse de quién no está, pero por ahí dentro sí flota el recuerdo de mi padre en forma de chistes de Paco Gandía.
No son días para acordarse de quién no está, pero por ahí dentro sí flota el recuerdo de mi padre en forma de chistes de Paco Gandía.
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regalos de reyes
miércoles, 4 de enero de 2012
Seis de Enero
Y de repente despertó. Abrió sus pequeños ojos a la claridad del día y lo vio todo; sí todo.
Pero todo, todo, todo., un camión para transportar arena, una pelota de fútbol, un juego para la play, una equipación del Barcelona y por supuesto, lo que más ilusión le había hecho escribir en la carta a los Reyes Magos, una magnífica bicicleta para surcar los carriles de tierra a toda velocidad.
Se sintió feliz por haber recibido todos esos regalos y se puso a jugar con ellos nervioso por no saber a cual acudir.
Y de repente despertó, el sol estaba ya en lo más alto del horizonte. Nunca supo cuantas horas había dormido, pero sintió un calor abrasador por todo su cuerpo.
Miró a su alrededor y no vio nada, nada, sí nada. Bueno, más bien lo vio todo, todo, todo, arena, arena y más dunas de arena que se perdían en el infinito.El camello que le habían asignado dormitaba a su lado, también el resto de la caravana.
Pidió agua y le tiraron la cantimplora a la cara con absoluto desprecio.Miró su reloj que milagrosamente no le habían quitado, quizás lo único de valor que poseía, no para saber la hora, pues de poco valía.
Miró los dos círculos pequeños del centro del aparato: Seis de enero.Cerró los ojos y pensó en su hijo, en que estaría paseando con su bicicleta nueva, con su nuevo juego de la play y lloró amargamente.
Se encaminaban hacia un lugar sin retorno y a un destino no escrito
Pero todo, todo, todo., un camión para transportar arena, una pelota de fútbol, un juego para la play, una equipación del Barcelona y por supuesto, lo que más ilusión le había hecho escribir en la carta a los Reyes Magos, una magnífica bicicleta para surcar los carriles de tierra a toda velocidad.
Se sintió feliz por haber recibido todos esos regalos y se puso a jugar con ellos nervioso por no saber a cual acudir.
Y de repente despertó, el sol estaba ya en lo más alto del horizonte. Nunca supo cuantas horas había dormido, pero sintió un calor abrasador por todo su cuerpo.
Miró a su alrededor y no vio nada, nada, sí nada. Bueno, más bien lo vio todo, todo, todo, arena, arena y más dunas de arena que se perdían en el infinito.El camello que le habían asignado dormitaba a su lado, también el resto de la caravana.
Pidió agua y le tiraron la cantimplora a la cara con absoluto desprecio.Miró su reloj que milagrosamente no le habían quitado, quizás lo único de valor que poseía, no para saber la hora, pues de poco valía.
Miró los dos círculos pequeños del centro del aparato: Seis de enero.Cerró los ojos y pensó en su hijo, en que estaría paseando con su bicicleta nueva, con su nuevo juego de la play y lloró amargamente.
Se encaminaban hacia un lugar sin retorno y a un destino no escrito
jueves, 29 de diciembre de 2011
El regreso.
Treinta días y todo un mundo por construir.
Un solo paso hacia las caricias, los besos, los abrazos.
Treinta días para sentir, conocer, amar.
Pero también para la realidad.
¿ Cómo será ?.
Quién sabe.
Mejor esperar.
Un solo paso hacia las caricias, los besos, los abrazos.
Treinta días para sentir, conocer, amar.
Pero también para la realidad.
¿ Cómo será ?.
Quién sabe.
Mejor esperar.
lunes, 26 de diciembre de 2011
Nochebuena
La soledad viaja en un viejo coche que recorre las calles vacías de la ciudad.
Hasta las putas se refugian de ella.
No es una noche más.
Es la noche de los que huyen de sí mismos.
Son autómatas que ansían lo que los demás tienen: calor.
La rutina los engullirá el resto del año, pero esta es su única noche.
Son los protagonistas de la historia
La que se escribe con renglones torcidos.
O la que seguramente jamás se escribirá.
Hasta las putas se refugian de ella.
No es una noche más.
Es la noche de los que huyen de sí mismos.
Son autómatas que ansían lo que los demás tienen: calor.
La rutina los engullirá el resto del año, pero esta es su única noche.
Son los protagonistas de la historia
La que se escribe con renglones torcidos.
O la que seguramente jamás se escribirá.
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