Ayer, rebuscando documentos en el maremagnum de papeles que tengo en casa, casualmente aparecieron en una caja del polvillo cinco libretas de anillas en las que antes de tener el blog escribía mis historias. Hoy os dejo con una del 29 de diciembre de 2003, que no tiene título.
Lloro por los que han muerto en Irak.
Lloro porque hoy, mañana, y tal vez pasado, serán noticia en los telediarios.
Lloro por el seguro olvido de vosotros, vuestras familias.
Lloro por los que justifican la guerra en envoltorios de misiones de paz.
Lloro porque los políticos os utilizarán después de muertos.
LLoro por la desesperanza, la venganza y la injusticia de este mundo que nos ha tocado vivir.
Lloro porque nos aislamos de los problemas de hambre y muerte que acechan a la humanidad.
lLoro por el miedo que pasan los que se atreven a atravesar el Estrecho de Gibraltar.
LLoro por las piedras y la arena que serán testigos de muchas otras muertes más sin justificación.
LLoro porque un loco gobierne el planeta donde todos vivimos.
Lloro porque muchos otros estarán llorando a sus hijos.
Lloro porque habrá muchos niños que no tendrán los juguetes que mi hija disfrutará esta navidad.
Lloro por no tener a mis padres cerca y no saber aprovechar los momentos que estoy con ellos.
Lloro por no poder dar más amor a tanta gente que lo necesita.
Está lloviendo en mi corazón.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
martes, 9 de noviembre de 2010
Saharauis
Llegaron de día, primero dos, luego cuatro,seis, cuarenta, así hasta veinte mil personas entre mujeres, niños, ancianos y hombres. Montaron sus jaimas a pocos kilómetros de El Aaiún. Esperaban pacíficamente que el gobierno atendiese unas peticiones tan descabelladas como igualdad de oportunidades, tierras y trabajo.
Llegaron de noche, eran cientos y pretendían destruir todo lo que se encontraban a su paso, y lo hicieron, tiendas, animales, personas, todos calleron en las redes de quienes sólo deseaban sembrar el caos y matar.
No es un problema de unos pobres moros que se pelean entre ellos.
Esto no es el asunto del Perejil, un islote de cabras donde nadie vive, esto es más serio.
Los saharauis son españoles de origen, como tú y como yo, a quienes abandonamos en lo más inhóspito del desierto del Sahara a su suerte hace veinticinco años y sobreviven gracias a la ayuda internacional y a que es un pueblo culto, inteligente y pacífico.
Yo por mi profesión he conocido a muchos, cientos de saharauis que se han integrado a la vida española y que en su mayoría han obtenido la nacionalidad española, puedo decir que son personas luchadoras de sus derechos. Recuerdo a un gran amigo, Embareik Hamadi Mouloud, al que todos llamábamos Emilio que era el corresponsal del Frente Polisario en Sevilla, al que tengo mucho aprecio.
Es nuestro problema, imagínate que de pronto, invaden la provincia de Cádiz, nosotros les dejamos y los gaditanos que allí vivan pasen a formar parte de otro país. Esto no es permisible, los políticos no pueden mirar hacia otro lado, basta ya de palabras y más acción. Que se ganen el sueldo que todos les pagamos.
Viva el Sáhara libre.
Llegaron de noche, eran cientos y pretendían destruir todo lo que se encontraban a su paso, y lo hicieron, tiendas, animales, personas, todos calleron en las redes de quienes sólo deseaban sembrar el caos y matar.
No es un problema de unos pobres moros que se pelean entre ellos.
Esto no es el asunto del Perejil, un islote de cabras donde nadie vive, esto es más serio.
Los saharauis son españoles de origen, como tú y como yo, a quienes abandonamos en lo más inhóspito del desierto del Sahara a su suerte hace veinticinco años y sobreviven gracias a la ayuda internacional y a que es un pueblo culto, inteligente y pacífico.
Yo por mi profesión he conocido a muchos, cientos de saharauis que se han integrado a la vida española y que en su mayoría han obtenido la nacionalidad española, puedo decir que son personas luchadoras de sus derechos. Recuerdo a un gran amigo, Embareik Hamadi Mouloud, al que todos llamábamos Emilio que era el corresponsal del Frente Polisario en Sevilla, al que tengo mucho aprecio.
Es nuestro problema, imagínate que de pronto, invaden la provincia de Cádiz, nosotros les dejamos y los gaditanos que allí vivan pasen a formar parte de otro país. Esto no es permisible, los políticos no pueden mirar hacia otro lado, basta ya de palabras y más acción. Que se ganen el sueldo que todos les pagamos.
Viva el Sáhara libre.
viernes, 5 de noviembre de 2010
El impenetrable olvido
El viento de levante que llega sin freno de Las Cabrerizas se apodera del lugar, ausente ya de protección. El toldo verde de malla que con tanto mimo habían desplegado los dueños de la casa ha desaparecido por completo, quizás se lo llevó el abandono, puede que el propio aire lo hiciera suyo o algún familiar lo quitó. La sombra que antaño cobijaba al hombre y a la mujer ya es sol impenitente hasta que éste quiera marcharse por las montañas del Retín.
Un patio sin vida es algo tétrico, como un espejo sin reflejo, vagabundean los recuerdos pero nadie acude en su búsqueda. Animales nunca hubo allí, pues su dueño tuvo bastante con las ovejas y los perros pastores. Algún gato vecinero pasea a sus anchas buscando ratones desprevenidos.
Un patio sin vida es algo tétrico, como un espejo sin reflejo, vagabundean los recuerdos pero nadie acude en su búsqueda. Animales nunca hubo allí, pues su dueño tuvo bastante con las ovejas y los perros pastores. Algún gato vecinero pasea a sus anchas buscando ratones desprevenidos.
Aún así, quedan rastros de una vida anterior de felicidad.
Las plantas son otra cosa, ellas continúan su lucha por la supervivencia. El viejo jazmín sigue desplegando un abanico de olorosas flores blancas que nadie recoge, el olivo junto al vacío gallinero extiende sus ramas a la casa del vecino, las malas hierbas han sido podadas por los hijos en previsión de un posible incendio, algunos cactus rugosos se mantienen en pie, otras flores se han secado, el desvencijado portón se oxida a pasos agigantados, el pozo ciego que hacía las veces de separación ha perdido su boca, quizás en un desesperado intento por respirar, la hiedra poco a poco se va apoderando de todo, ella vence a la nostalgia, crece con el abandono.
El agua del grifo no gotea, también está muerta.
Afuera, la pequeña acera se ve invadida por el maestranto como plagas sin cuartel.
No hay canarios que canten al mediodía, no despierta el gallo al amanecer, no se oye el pasar de las hojas del periódico, ni al hombre haciendo empleitas, ni a la mujer regando las flores con mimo, ni un libro que alegre las tardes de soledad, ni niños jugando, ya no hay nada.
Quedan los recuerdos, pasa la vida.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Una cena fría
Es miércoles, llego del cine un poco antes de la medianoche. Toco el telefonillo, nadie contesta. Estará dormida, da igual tengo llave, siempre lo hago en parte por pereza y porque ella sepa que estoy de vuelta.
Subo las escaleras dando saltos, estoy contento, la peli me ha molado, es fantástico ver el cine en 3D.
Enciendo la luz del rellano, me extraño al ver la puerta sin cerrar. Entro, todos los cacharros de cocinar están en el fregadero, el extractor hace un ruido infernal, una solitaria sartén descansa sobre la vitrocerámica apagada, media barra de pan sobre la encimera y el cajón de los cubiertos abierto. Paso de largo y llego al salón.
El hule está puesto, las servilletas perfectamente ordenadas, hay dos cuchillos y tres tenedores sobre la mesa, la televisión está demasiado alta, tres vasos de cristal a la derecha de los cubiertos, dos platos vacíos, picos en una bolsa, y una tortilla francesa fría tapada con otro plato, seguramente es mi cena.
Me dirijo a la habitación de mi madre, pero allí no hay nadie, tampoco en el cuarto de baño ni en mi dormitorio, vuelvo sobre mis pasos y al poner el pie derecho en el salón me doy cuenta de que está manchado de un líquido rojo.
Alargo un poco la vista y allí está ella, inerte sobre el sofá, desangrada.
Grito y me pregunto solamente una cosa.
¿ Porqué ?.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Ondas para Herrera
Todos los que seguimos desde hace años a este genio de las ondas seguramente nos habremos alegrado de que al gran Carlos Herrera le hayan dado un premio Ondas por toda una trayectoria en la radio.
Sin desmerecer a Francino, Hoy por Hoy y otros premiados, yo me considero herrerista, lo sigo vaya donde vaya, tiene algo especial para comunicar aunque no estés en la misma sintonía política con él. Aconsejo que os descarguéis el programa de hoy de los fósforos, de 10,00 a 11.00 horas, ha sido genial, arrepentidos de los tatuajes.
Ah, y a las 08,30 horas, el clásico de los carromatos, indios y hasta el séptimo de caballería, todos los días. No os lo perdáis.
Enhorabuena de nuevo, monstruo.
Sin desmerecer a Francino, Hoy por Hoy y otros premiados, yo me considero herrerista, lo sigo vaya donde vaya, tiene algo especial para comunicar aunque no estés en la misma sintonía política con él. Aconsejo que os descarguéis el programa de hoy de los fósforos, de 10,00 a 11.00 horas, ha sido genial, arrepentidos de los tatuajes.
Ah, y a las 08,30 horas, el clásico de los carromatos, indios y hasta el séptimo de caballería, todos los días. No os lo perdáis.
Enhorabuena de nuevo, monstruo.
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miércoles, 27 de octubre de 2010
El camino
Un día cualquiera el hombre comenzó a andar, sintió que tenía esa necesidad, nada ni nadie le ataba y sus pies empezaron a moverse, sin rumbo predeterminado. Así, movido por el instinto salió de su ciudad por un camino que utilizaban sólo los animales, se fue poco a poco alejando de su casa con una mochila a cuestas donde llevaba lo imprescindible, un libro, mate, una cantimplora y una foto de su familia. Era el tiempo del otoño, hacía frío, pero él no cejaba, había días que no encontraba a nadie en su caminar, no le importaba, los pájaros eran sus compañeros.
Tras perder la cuenta del tiempo que llevaba así, un día llegó a una montaña a la que el camino llevaba irremediablemente; estaba nevada, las botas se hundían en la espesura, apenas había algún fruto que comer, el hombre siguió hasta que llegó a su cima y se sintió feliz por llegar al final de una etapa. Durmió en el abrigo de unas rocas, por la mañana inició el descenso, luego vino otra montaña aún más alta, ésta ascensión fue más dura, nada más llegar arriba, comprobó que varios dedos de la pierna derecha estaban congelados, la vista era impresionante, se sintió el más feliz del mundo. Perdió esos dedos , continuó andando, con el mismo ánimo, otra etapa más salvada, dejó atrás las tierras del frío, pasó por ríos que desaguaban las aguas de la nieves hasta que llegó a un lugar que no ofrecía más que soledad e inmensidad, sólo calor por el día y frío por la noche, estaba en el límite del desierto, donde nunca pasaba nada. Sin embargo, pudo recibir los espíritus de la oscuridad que le infundieron más moral.
Recorrió dunas y más dunas orientándose con las estrellas por la noche, aguantó despiadadas tormentas de arena, el brillo de millones de cristales de sal reflejando el sol impenitente le dejó casi ciego, pero no paró, había un camino que hacer, las fuerzas no le faltaban y la mente le decía que siguiera y así llegó un buen día a un río que marcaba el límite del desierto, se bañó en él y dejó que su cuerpo descansara.
Cuando le pareció bien, sus pies se pusieron en marcha a través de un sendero que se hacía a cada metro más verde, más dificultoso y más duro. La selva le esperaba, allí una serpiente le atacó y perdió un brazo, pero el hombre siguió andando, aprendió a sobrevivir en ella, se sintió feliz por lo que la naturaleza le ofrecía.
Han pasado varios años desde que conocí su historia, pero el hombre sigue aún andando, nada ni nadie es capaz de frenar su convencimiento. Si lo ven por ahí, intenten aprender un poco de él, se llama vida.
domingo, 24 de octubre de 2010
Un día cualquiera
Ocho y media de la mañana.
Acabo de dejar a Antoñito en la guardería, ha entrado contento como siempre, se nota que es viernes, la carretera está tranquila, hay menos tráfico y casi no se forma caravana al entrar en Sevilla.
En la cafetería hay cierto revuelo, me extraña ver a Luisa la cocinera rulando tras la barra, encima de la vitrina de cristal hay dos cajas de croisants llenos de jamón york y queso, pregunto a Sonia, primero le doy los buenos días y me cuenta que hay un pequeño catering para unas gentes del polígono.
En la esquina de la barra fuman Rocío y su amiga-compañera, han tomado el café y apuran el cigarrillo antes de entrar en la empresa, Borja lee el Marca, el directivo del concesionario apura la tostada mientras ojea el ABC, el montón de periódicos del 20 minutos se apila en la esquina opuesta, acaban de dejarlo, pronto disminuirá aunque siempre terminan algunos en el cubo de la basura al final del día.
Al momento tengo la tostada con mantequilla de Arias ( lata amarilla y azul de toda la vida, nunca porción ) con jamón york, cada día voy variando, unas veces sobrasada, casi siempre los martes, y rara vez una con aceite y tomate, tengo un poco liada a la camarera, pero ella nunca se queja, ni conmigo ni con nadie.
Siempre me busco la izquierda de la barra con un banquete para leer algún periódico, El mundo, el Marca o el Abc, no me gustan los gratuitos, es un momento para degustar el desayuno mirando los artículos con cierto detenimiento, me repatea que llegue algún cliente y tenga que tomar el café con él, porque tengo que engrasar el pensamiento y eso lo suelo hacer cuando me monto en el ascensor para subir a la primera planta ( sí, las escaleras son un coñazo ), pero que yo ando, y bastante.
Saludo al padre de Fernando, el dueño del bar, al que llama el Niño, cariñosamente, son ambos la ironía personificada, da gusto verles el humor que gastan desde las ocho de la mañana.
Hoy hay un personaje nuevo, por lo menos para mí, en la cafetería: nada más verlo lo bautizo como caballo loco, un chino con los ojos inyectados en sangre, con los pelos de punta, de mediana edad, toma café a mi lado. Habla, bueno intenta hacerse entender con dos mecánicos a los que invita a una copa de anís Castellana sin hielo. Pide agua, pero la quiere caliente. Cuando le traen el vaso vierte en él un sobrecito de hierbas verdes que deja asentarse sin echarle azúcar. Los mecánicos le comentan que si el hachís se lo bebe, que no se lo fuma, el chino no entiende nada pero se ríe. Paga con un billete de 20 euros y Sonia le da todo el cambio en monedas de euro. El chino deja el café a medio tomar, hace un gesto con las manos a los hombres a los que ha invitado, ignora las hierbas y se va directo a la máquina recreativa que está al otro lado del bar.
Termino de leer el Marca, pago y me voy. Han pasado diez minutos y Caballo Loco continúa echando monedas, aunque de vez en cuando la maquinita le da algunas para cautivarlo con su música alagadora. Me despido de Fernando, quizás baje a las 11.30 horas a tomarme un máquina, puede ser que el chino continúe allí.
Ah, la cafetería se llama Guadalquivir, por si no lo había dicho, y está en el Toledo II, en la avenida de Hytasa del Cerro del Aguila. Allí estoy todas las mañanas, quedáis invitados.
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